La lluvia había cesado dejando un cielo gris sobre Puerto Andraka.
León estaba de pie frente al ventanal con las manos en los bolsillos, mirando la ciudad, no había dormido, la adrenalina de la noche anterior seguía corriendo por sus venas como gasolina.
La puerta se abrió y Adrián entró, traía los resultados de las prueas de ADN, caminó hasta el escritorio y dejó un sobre sellado con el logotipo del laboratorio genético.
Llegó hace diez minutos, señor.
León se giró lentamente, miró el sobre bl