La observé con suficiencia y sonreí mientras abandonaba la habitación. Le había dado una lección, una que no olvidaría nunca. Con esa satisfacción bajé; tenía ganas de abandonar el lugar, pero justo cuando estaba por entrar al comedor, llegó mi hermosa familia. Mi hermana venía con las manos llenas de compras, al igual que el idiota de mi sobrino.
Me alegra ver que pasan el día, gastándose mi fortuna, y es que me imagino que para ustedes el adjetivo de arribistas se queda corto. Aunque, si lo p