Vi a mi hermana salir de la oficina de Rossanne con el rostro rojo de furia. Yo la seguí sin decir nada; sabía perfectamente que aquello no había terminado. Conocía demasiado bien a mi hermana para pensar que simplemente se marcharía después de ese enfrentamiento. Ella siempre necesitaba tener la última palabra.
Entró a mi oficina y se giró hacia mí con los ojos llenos de indignación. Cerré la puerta detrás de nosotros con calma. No quería que nadie escuchara lo que estaba a punto de ocurrir. M