Una semana había pasado desde el encuentro que tuve con Damien, y las cosas no habían cambiado. Ambos habíamos trabajado duro, pero mi humor estaba de perros. No sabía cuál era la razón, pero ni yo misma me soportaba.
—Ross, ¿por qué tardas tanto? Joder, necesito ese contrato.
Estaba furiosa.
—Te dije que lo tenía que imprimir. Soy un ser humano, Damien, no una máquina.
Gruñí.
—Deberías ser más rápida.
Esa afirmación me indignó.
—Más rápida de lo que soy es imposible, y lo sabes. Además, si no