Con Elena, la niña no es límite.
Es llave.
Elena dejó de respirar.
La frase seguía abierta frente a ella en la libreta roja.
Quietita.
Negra.
Perfectamente escrita.
Como si la monstruosidad también pudiera tener buena letra.
La mano le tembló.
No por miedo solamente.
Por reconocimiento.
Por esa certeza brutal que llega cuando algo que dolía de forma difusa por fin encuentra su nombre exacto.
Sofía no había sido solo la herida más sensible.
Había sido el mecanismo.
La cerradura.
La forma de ab