—¿Para decir que fuiste “a operar” a la directora antes que él? —repitió Elena.
La frase de Rodrigo siguió vibrando en la sala como si alguien hubiera abierto otra grieta en la pared.
Sofía, de pie junto a la mesa con el dibujo del gato con capa entre las manos, levantó la vista.
—¿Operar?
Elena tragó saliva.
Lucía cerró los ojos un segundo.
Ni siquiera las palabras adultas venían ya limpias a esa casa.
—No significa nada que tú tengas que cargar, mi amor —dijo Elena, acercándose.
Se agachó fre