—¿Vas a ir? —preguntó Lucía.
La cocina quedó en silencio después de la llamada del hospital.
La sopa aún tibia.
La libreta azul abierta.
La carpeta gris cerrada sobre la mesa como una herida con lomo de cartón.
Y el teléfono de Elena todavía en su mano, con la última frase de la enfermera clavada en el oído.
“Si Daniel llega primero, la otra copia desaparece.”
Elena miró hacia el pasillo.
Arriba, Sofía dormía.
O lo intentaba.
Cada sueño de esos días era más bien una tregua.
Rodrigo seguía de pi