El mensaje de la mediadora seguía en la pantalla.
“Si Elena encuentra la carpeta gris, Daniel se hunde.”
Nadie habló durante varios segundos.
Ni Lucía.
Ni Rodrigo.
Ni siquiera Elena.
Porque a veces una frase no entra de inmediato.
Primero golpea.
Después abre una puerta.
Y solo entonces empieza a doler de verdad.
—¿Qué carpeta gris? —preguntó Lucía al fin.
Elena seguía mirando el teléfono.
Algo en su memoria se movió.
No una imagen completa.
Solo un borde.
Un color.
Una sensación vieja de haber