La palabra llegó en un correo a las seis y doce de la tarde.
Bienes.
No casa.
No hogar.
No recuerdos.
No el cuarto de mariposas de Sofía.
No la cocina donde Elena había horneado pasteles de fresa y llorado a escondidas tantas veces.
Bienes.
Rodrigo abrió el documento en la pantalla del portátil.
Paula ya estaba sentada con otra libreta.
Lucía servía sopa.
Sofía pegaba una mariposa plateada en la mochila nueva.
La escena era doméstica.
Casi amable.
Y, sin embargo, bastó esa palabra para volver a