No. Ya no estás sola.
La frase de Sofía se quedó con Elena toda la noche.
Y cuando amaneció, seguía ahí.
No como consuelo.
Como verdad.
Como una de esas pocas verdades limpias que todavía no se habían contaminado.
A las siete y media de la mañana, el teléfono empezó a llenarse de mensajes.
No amenazas.
No audios de Daniel.
No flores.
No fotos robadas.
Mensajes de otras personas.
Y eso, en esos días, ya era casi un milagro.
Verónica mandó la captura completa de la conversación con Daniel.
No sol