La tarjeta le temblaba entre los dedos.
Rodrigo Herrera.
Abogado.
Elena la había encontrado en el fondo del cajón de su mesita de noche, atrapada entre una receta vieja y un cargador que ya no servía.
Años sin verla.
Años sin pensar en él de verdad.
Y aun así, en cuanto leyó su nombre, sintió algo que no había sentido en días.
No paz.
Todavía no.
Pero sí una dirección.
Se sentó al borde de la cama con la tarjeta en la mano y el teléfono en la otra.
Podía llamar.
Podía guardar el número.
Podía