Elena pensó que, después del rastreador en la mochila de Sofía, Daniel iba a retroceder.
No por conciencia.
Por cálculo.
Por una vez, se permitió imaginar que incluso él entendería que había ido demasiado lejos.
Se equivocó.
El ataque llegó al día siguiente a las diez y nueve de la mañana.
Y no vino hacia ella.
Ni hacia la escuela.
Ni hacia la exposición.
Vino hacia Lucía.
La primera señal fue pequeña.
El teléfono de Lucía sonó tres veces seguidas.
Números desconocidos.
Contestó el primero con