El mundo se inclinó apenas.
No lo suficiente para tirar a Elena al suelo.
Lo suficiente para que entendiera que la pelea acababa de cambiar otra vez.
—¿Una trabajadora social? —repitió.
La directora asintió con una tensión visible en la boca.
—Está con él en la sala de juntas.
Rodrigo dejó de caminar por medio segundo.
Solo uno.
Después volvió a moverse.
Más recto.
Más frío.
—Bien.
Elena lo miró.
—¿Bien?
Él le sostuvo la mirada.
—Mejor aquí que en tu casa. Mejor con testigos que en una emboscad