La noche había caído por completo cuando llegamos al apartamento privado de Rocco en la ciudad. No era una residencia lujosa como la mansión, sino un espacio pequeño y funcional, con paredes de ladrillo visto y una única lámpara de pie que proyectaba sombras alargadas sobre el suelo de madera.
—Aquí no nos encontrará Beltrán —dijo Rocco, cerrando la puerta con doble cerrojo—. Es un lugar seguro.
Dejé mi chaqueta sobre el respaldo de una silla y me senté en el sofá, sintiendo el peso de la fatig