El silencio del apartamento era tan profundo que podía escuchar el tic-tac del reloj de pared, un sonido monótono que marcaba el paso de las horas mientras yo permanecía despierta, mirando el techo. Rocco se había sentado en el sofá, con el portátil cerrado sobre la mesa, pero no se había ido a dormir. Su presencia, aunque silenciosa, me hacía sentir segura en medio de la tormenta que rugía dentro de mí.
No podía cerrar los ojos. Cada vez que lo intentaba, la imagen de mi padre aparecía en mi m