La carta de mi padre seguía ardiendo contra mi pecho, guardada en el bolsillo interior de mi chaqueta. Cada palabra que había leído en la capilla resonaba en mi mente como un eco que no se apagaba. "El fuego no consume al Fénix, Verónica. Lo purifica." Pero en ese momento, mientras el sol comenzaba a disipar la niebla sobre los viñedos, el fuego del que hablaba mi padre parecía estar a punto de alcanzarnos.
Regresamos a la casona con paso rápido, sin hablar. El tiempo se había vuelto un lujo qu