Capítulo 89.
POV Gael.
El sol de la tarde se filtraba a través de las altas ventanas de la mansión familiar en Kensington, proyectando sombras alargadas sobre los suelos de mármol pulido y los retratos ancestrales que adornaban las paredes. Había regresado a este lugar —la casa de mis padres, con sus techos altos y sus salones que olían a madera antigua y libros encuadernados en cuero— hacía meses, huyendo de un amor que me había consumido como un fuego lento. Martina. Su nombre aún resonaba en mi mente como un eco persistente, un drama que no podía silenciar por completo. Pensé que dirigir la clínica familiar —una de las más prestigiosas del país, con su legado de cirugía reconstructiva para niños— me daría propósito, que el bullicio de operaciones y pacientes me distraería de su recuerdo. Pero no era así. Cada noche, en la soledad de mi habitación, revivía momentos: su sonrisa en el pueblo, sus lágrimas por Santiago, la forma en que me había rechazado con gentileza, pero firmeza. "Eres mi amigo,