C91: Has sido muy valiente.
Askeladd había sido claro desde el primer momento: no iba a permitir que nada ni nadie lo detuviera. Ni siquiera Azucena. En el fondo de su mente, había llegado a anticipar la posibilidad de que la loba, con ese corazón que él intuía herido pero aún capaz de sentir compasión, intentara detenerlo. Se imaginaba que, quizás, en un arranque de misericordia, ella le suplicara que no lo matara, que le pidiera que encontrara otra forma de castigarlo, o que lo forzara a cambiar.
Tal vez —pensaba él con