C60: La batalla ya ha empezado.
Los lobos que formaban parte del ejército de Milord se preparaban para el ataque contra Askeladd, con la intención de abalanzarse sobre él y recuperar el terreno perdido. Sin embargo, Milord, a pesar de la conmoción de su derrota parcial y el dolor que recorría su cuerpo, consiguió detenerlos con gruñidos autoritarios. Cada vocalización de su garganta, profunda y amenazante, obligó a los soldados a detenerse. Ellos comprendieron la orden: no atacar, retroceder y agazaparse, mantenerse detrás de la línea establecida, obedeciendo la voluntad de su Alfa.
Ragnar, observando la escena, no pudo contenerse y rugió con fuerza.
—¡¿Cómo se atreven?! ¡¿Cómo tienen el descaro de atacar a nuestro Rey?!
Su indignación no era solo por el ataque, sino por la audacia de esos lobos que pretendían desafiar a Askeladd.
—La suposición era correcta, Ragnar —declaró Askeladd—. El que tenemos enfrente es... Milord, Rey de Asis, y fue él el responsable de la hoguera, la cual definitivamente es una declaración