C27: Usted ya me ha visto toda.
Al día siguiente, cuando Askeladd se dirigió a la habitación de Azucena, no cambió su costumbre: abrió la puerta de un solo golpe, sin llamar, sin pedir permiso, sin anunciarse. El marco de madera golpeó la pared con un sonido seco que rompió el silencio de la estancia. Y entonces la vio.
Azucena estaba completamente desnuda, a mitad de colocarse un sencillo vestido. El lienzo claro de la tela descansaba entre sus manos, pero aún no cubría nada de su cuerpo.
Al verla, Askeladd se detuvo, parali