La luz dorada que irradiaba de los ojos del hombre dentro del tanque criogénico no sentía cálida; era una luz fría, como la de una máquina que acababa de encenderse de nuevo después de décadas de inactividad. El líquido preservador dentro del tanque comenzó a hervir, creando burbujas de gas que llenaron el laboratorio del barco de carga de El Archivo.
"¡Mateo! ¡Suelta ese objeto!" gritó Sebastián, señalando la memoria USB de oro en la mano de su hijo, que aún vibraba de color rojo.
"¡No puedo,