Las paredes de la sala de interrogatorios de la Audiencia Nacional eran de un blanco aséptico que recordaba a Valeria Miller sus peores días en la clínica de recuperación.
Ya no vestía sus trajes de seda italiana, sino una chaqueta de algodón estándar proporcionada por el centro de detención, un símbolo visual de su caída estrepitosa desde la cima de la Torre Cristal.
Frente a ella, un fiscal federal con ojos cansados revisaba la montaña de pruebas digitales que Mateo había liberado, document