Por las mañanas, la residencia de los De la Cruz solía ser recibida con un silencio rígido, pero hoy fue diferente. El aroma de café fresco y pan tostado impregnó el aire, mientras el pequeño sonido de la risa de Mateo se escuchaba desde el comedor. Sin embargo, para Sebastián, el mundo parecía haber perdido su color desde que vio la foto que le enviaron al amanecer.
La foto yacía dentro de un cajón cerrado con llave en su escritorio. La imagen de un hombre misterioso acompañando a Valeria en I