El silencio que envolvió al sistema solar tras la explosión de datos del Sol no fue un silencio ordinario.
No era la ausencia de sonido, sino la ausencia de progreso. Valeria Miller, sosteniendo el cuerpo exhausto de Mateo, sintió cómo la inercia de la realidad se desvanecía.
Las partículas de luz que antes danzaban en la Ciudad de Oro se quedaron suspendidas en el aire como diamantes estáticos.
El calor abrasador desapareció, reemplazado por una temperatura neutra que no pertenecía a la bio