El complejo Icarus no era una fábrica; era un organismo de metal. Los pasillos por los que Valeria, Mateo, Ricardo y Elena avanzaban estaban revestidos con una aleación que absorbía el sonido, convirtiendo sus pasos en meros susurros ahogados.
En el techo, cables de fibra óptica palpitaban con una luz azul rítmica, como venas transportando la sangre de datos de Némesis hacia el núcleo.
Estamos en el Nivel 4: Procesamiento de Energía susurró Ricardo, consultando un escáner que había modificado