El Aeropuerto de Madrid-Barajas se había convertido en un campo de batalla silencioso. Por orden directa de Sebastián De la Cruz, tres jets privados habían sido inmovilizados en la pista bajo el pretexto de "inspecciones de seguridad nacional". Sebastián no necesitaba permiso; su influencia en el Ministerio de Transporte era una red tejida durante décadas.
Dentro de la terminal VIP, Valeria Montes apretaba el asa de su maleta con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos. A su lado, Mateo e