Me puse en pie, la luz de la cueva volviéndose violeta mientras mi magia reaccionaba a mi furia. La sensualidad de la noche se había disipado, reemplazada por la cruda realidad de la guerra total. Silas no quería matarme, quería convertirme en la batería eterna de su imperio.
—Tenemos que atacar la Ciudadela —sentenció Damián, poniéndose en pie a mi lado, su cuerpo todavía vibrando por nuestro encuentro—. No podemos esperar a que su ejército esté completo.
—No vamos a atacar —respondí, mirá