Kael.
—Damián —dijo Kael, y su voz no era un rugido, sino una melodía perfecta que hizo que los lobos de mi manada aullaran de sumisión involuntaria—. Has cuidado bien de mi herencia. Pero el tiempo de las sombras ha terminado. La verdadera Luna ha despertado, y ella no pertenece a un Alfa que se esconde en las cuevas.
Kael caminó hacia nosotros sobre la nieve, y donde sus pies tocaban el suelo, el hielo se derretía instantáneamente, dejando paso a una hierba verde y flores de invierno que