Usé el poder negro del Corazón de la Montaña para forzar a la corona a aceptar mi calor. La plata empezó a derretirse, transformándose en una tiara de espinas líquidas que se hundieron en mis sienes. No hubo paz; hubo una explosión de sensaciones. Podía sentir cada copo de nieve cayendo en el exterior, cada respiración de los guerreros parias y, sobre todo, podía sentir el deseo de los dos hombres que me observaban.
Me puse en pie, mi figura emanando una luz plateada tan potente que Valerius