75. CONTINUACIÓN
Mi abuela se queda observando a Henry unos segundos, esos instantes de tensión que solo ella sabe provocar con su mirada. Finalmente, esboza una pequeña sonrisa y asiente, como si su aprobación estuviera sellada en ese gesto. Henry, por supuesto, no lo menciona, pero se le siente el alivio en los hombros. Solo alguien que ha conocido a mi abuela sabe lo importante que es ese reconocimiento.
—Pues entonces, cuídala como se merece, hijo. Porque lo que uno quiere, se cuida. ¿Está claro? —le dice