47. EL REGRESO A CASA

Al realizar esa pregunta, queriendo saber quién era esa rubia que le había hablado a Leonard con tanto derecho, las risas se detuvieron. Él me miró por un rato y me dijo que luego me diría quién era ella. No insistí. Volvimos a bailar y reír mientras tomábamos, hasta que, al fin, llegó la hora de marcharnos. Yo estaba embriagada; no recordaba cuánto tiempo hacía que no bebía, y Gloria me había hecho beber más de lo que debía.

—Leo, querido. Hazme el favor de sujetarme bien, o creo que me caer
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