228. TODO TIENE QUE SALIR PERFECTO
El auto avanza entre las calles estrechas y poco transitadas de la ciudad. Un ligero crujido del asiento me recuerda el peso de lo que está por venir. Nadie en este mundo entiende el arte de una trampa como yo. Las palabras de mis hombres se mezclan con las ideas que giran en mi mente, pero en el fondo sé que este trabajo será más sencillo si dejo de pensar que necesito depender de otros.
—¿Y si se aparecen con los maridos? —pregunta con preocupación.
—Los matamos a ellos y las cogemos a ellas