10. LA PROMESA DEL CEO
Me quedé quieta mirando a Leonard, estaba visiblemente enojado y nervioso al mismo tiempo. Era verdad que era parte del problema, pero no veía la necesidad de seguir alimentando los rumores de los demás. Su fama de Casanova era la que nos había puesto en la mira de todos los periodistas más que lo que había sucedido.
—Solo va a acompañarme, señorita Clío, por favor —me pidió suplicante y luego le brillaron los ojos y dijo—: Luego juro que le daré una recompensa, lo que me pida.
—¿Lo que le pi