A pesar del rechazo de David, Soledad seguía con su natural algarabía; danzaba y cantaba mientras iba por los establos, iluminando con su presencia el lugar.
Conforme a las instrucciones de David, Soledad cumplía sus tareas todos los días, a pesar que su ausencia llenaba la casa de un frío que le carcomía los huesos. Como acordaron, se quedó en la casa de David para sus clases y Gustavo le acompañaba en las noches hasta el patio de la casa principal, cuando ella estaba en la casa de David, p