Graciela con sus lentes oscuros saludaba a sus conocidos, en una rueda de prensa para informar a sus conocidos que Ángel de las Casas falleció. Hablaba con ellos de los maravillosos años vividos mientras sonreía con amargura. Algunos periodistas, colegas de Ángel, le preguntaron si era verdad que ya estaban divorciados y ella asintió con la cabeza antes de expresar su profunda y dolorosa verdad.
—Efectivamente, me separé de él, no por falta de amor. Me separé porque él quiso vivir su filosofía libertaria al igual que alguno de los filósofos que admiraba. Pero incluso el día que murió me llamó por teléfono, yo no sabía que esas serían sus últimas palabras… perdón…
Las palabras sentidas de Graciela hicieron callar a los periodistas que querían saber más sobre la vida y obra de Ángel a través de su testimonio, cerrando el espacio de preguntas con profundo respeto hacia ella y la memoria de Ángel.
Al encontrarse con Saúl, él le rogó dejar que la velación de su padre se diera en la mansión