Hernández recién regresaba a su oficina, en la recepción la secretaria le entregó un sobre y una carpeta. Entró a la oficina y leyó en la portada del sobre —Urgente— lo abrió y dentro encontró un diario personal.
Estaba cansado, pero decidió leer el diario sin mirar la documentación de la carpeta.
La letra impecable cargada de un dolor que se transfería al papel en cada trazo. Por costumbre empezó a tomar notas de lo que le parecía importante.
Hoy la empleada me confesó que el padre de su hijo