Saúl y Ángel subieron por unas escaleras de madera, su chirriante sonido les recordaba a cada paso los cambiantes caminos de la vida, la joven les indicó un cuarto provisto de dos camas, sobre ellas pulcras cobijas tendidas con esmero, los pisos toscos blanquecinos mostraban una meticulosa limpieza en medio de la carencia de comodidad.
Una pequeña ventana daba a la plaza vacía, ahí el tiempo parecía detenido, solamente el chispeante ritmo del agua en sus subidas y bajadas indicaba que la vida s