El fiscal Hernández en su casa revisaba documentos, estaba cansado, pero no podía dormir. Salió hasta el patio trasero, miró el cielo estrellado, el frío nocturno le golpeó la cara, dio una honda calada al cigarrillo que traía entre los dedos, el humo desaparecía como lo hizo Raúl Sampedro y después su esposa.
La pantalla del móvil se encendió sobre su escritorio, él seguía analizando las estrellas trazando rutas de escape entre ellas. Volvió a ingresar a su domicilio, tomó el celular y desde u