El fiscal Hernández en su casa revisaba documentos, estaba cansado, pero no podía dormir. Salió hasta el patio trasero, miró el cielo estrellado, el frío nocturno le golpeó la cara, dio una honda calada al cigarrillo que traía entre los dedos, el humo desaparecía como lo hizo Raúl Sampedro y después su esposa.
La pantalla del móvil se encendió sobre su escritorio, él seguía analizando las estrellas trazando rutas de escape entre ellas. Volvió a ingresar a su domicilio, tomó el celular y desde un número que no tenía registrado había un mensaje. "Ubicación de Raúl Sampedro y Diana Bernal", intentó contactar con el número, pero el celular ya estaba apagado. Intentó revisar la ubicación de donde provenía la nueva información, pero al estar el celular apagado no logró encontrar nada. Sabía que podía pedir ayuda a la policía especial para localizar la ubicación del teléfono per decidió dejar aquello como un detalle menor y revisó las coordenadas recibidas.
—Estás lejos, estimado Raúl, quién