En el camino aún se podía ver el agua escurriendo de las peñas formando pequeñas cascadas Gustavo iba inquieto, su mente estaba en otro lado, en ocasiones sus movimientos eran bruscos y mal llevados, Soledad también iba perdida dentro de su propio mundo quizás por eso ignoró que algo le preocupaba a Gustavo. Cuando por fin vieron el inicio del sendero a la casa, estando a escasos metros de llegar al sinuoso camino de tierra, Gustavo perdió el control del coche y, con tres vueltas, fue a dar con