En el camino aún se podía ver el agua escurriendo de las peñas formando pequeñas cascadas Gustavo iba inquieto, su mente estaba en otro lado, en ocasiones sus movimientos eran bruscos y mal llevados, Soledad también iba perdida dentro de su propio mundo quizás por eso ignoró que algo le preocupaba a Gustavo. Cuando por fin vieron el inicio del sendero a la casa, estando a escasos metros de llegar al sinuoso camino de tierra, Gustavo perdió el control del coche y, con tres vueltas, fue a dar contra un árbol en la quebrada. Unos trabajadores de una casa en construcción que vieron el accidente corrieron a socorrerlos, desesperados porque el carro amenazaba con caer al fondo venciendo al árbol que los sostenía con sigilo y velocidad hicieron todo lo que pudieron para ayudar, Gustavo no llevaba puesto el cinturón de seguridad, ya estaba muerto, con su cabeza entre el volante y el parabrisas, con el cuello roto. Soledad estaba inconsciente, atrapada entre los retorcidos fierros del carro.