El Martes la finca despertó envuelta en tristezas, los trabajadores dejaron el campo para reunirse a rezar, las lágrimas de algunos eran silenciosas y evidentes, Claudia quién vivía enamorada de él en secreto se sentó junto al árbol que estaba frente al establo, lamentaba entre lágrimas haber callado su amor, de nada servía cantar gritar, o escribir sobre ese amor si Gustavo ya no estaba para escuchar.
Eran casi las doce del día cuando Soledad llegó a la casa con los ojos hinchados, el cuerpo