El amanecer se extendía sobre el cielo de Bogotá con tonos anaranjados y violáceos deslumbrantes, como si el propio horizonte quisiera sumarse a la celebración del fin de los tiempos oscuros para la familia Valderrama.
Dentro de la residencia principal, la actividad había comenzado desde las cuatro de la mañana.
El ritmo constante de los pasos del personal sobre los suelos de mármol, el intenso aroma del café colombiano y el susurro de las sedas formaban el telón de fondo de la mañana más esp