La noche en Bogotá se sentía más silenciosa que de costumbre, pero no era un silencio amenazante como cuando Valentina huyó.
Era una quietud cargada de expectativa. En la residencia Valderrama, los preparativos para la gran celebración de mañana por la mañana habían alcanzado su punto álgido.
Una alfombra roja de cientos de metros comenzaba a extenderse por el gran salón, y el aroma de miles de lirios blancos recién cortados inundaba cada rincón, creando una atmósfera a la vez sagrada y majes