El silencio en la sala de juntas del piso 50 del Grupo Valderrama resultaba impresionantemente contrastante con la tormenta que Valentina acababa de desatar y aplacar.
El rastro del perfume caro de los directivos despedidos todavía flotaba en el aire, pero para Valentina, el ambiente de aquel lugar empezaba por fin a sentirse limpio y puro.
Recostó la cabeza sobre el alto respaldo de cuero del sillón y cerró los ojos por unos instantes, tratando de calmar el latido acelerado que sentía en las