El olor a ozono dejado por la tormenta aún impregnaba el traje de Sebastián cuando las puertas de la sala de partos se cerraron con un estruendo ensordecedor.
Dentro de aquel ambiente estéril, la luz brillante de los neones creaba un contraste agudo con la oscuridad emocional que los había acechado durante tanto tiempo.
Valentina yacía en la camilla, el rostro empapado por una mezcla de sudor y las gotas de lluvia que aún quedaban, mientras su respiración se entrecortaba al ritmo de las contr