El aire en el pasillo del hospital central de Bogotá todavía se sentía frío mientras amanecía, pero para Valentina, el aire acondicionado del centro médico no era nada comparado con la determinación que se había apoderado de su corazón.
Ella estaba de pie frente al espejo del baño de médicos, observando su propio reflejo.
Las ojeras bajo sus ojos eran testigos silenciosos de la maratoniana intervención quirúrgica de la noche anterior, pero su mirada aquellos mismos ojos que alguna vez se llen