La mañana en Bogotá se recibió con la sinfonía lejana de las bocinas de la ciudad y el aroma de café fresco que se filtraba por los pasillos del Hospital Valderrama.
Para Valentina, este era el día con el que había soñado durante meses de exilio. Hoy no se trataba solo de salir del hospital, sino de regresar al lugar que una vez la rechazó, pero ahora lo hacía como la soberana legítima.
Mateo dormía profundamente envuelto en una manta de cachemira dentro de un portabebés, vigilado atentamente