Esa mañana en Bogotá, el cielo se veía mucho más despejado, como si el universo mismo estuviera de acuerdo en que el veneno que había permanecido en el linaje de la familia Valderrama había sido extraído hasta la raíz.
Dentro de la residencia principal, el silencio que envolvía los majestuosos pasillos ya no era el silencio opresivo de cuando Valentina fue expulsada, sino una paz sagrada.
Valentina estaba sentada en una mecedora en el balcón de su habitación, mirando hacia el jardín donde los