La suave luz de la mañana se filtraba a través de las cortinas de seda en la sala de cuidados VIP del Hospital Valderrama, iluminando el rostro de Valentina, que aún se veía pálido pero irradiaba una felicidad indescriptible.
En sus brazos, envuelto en una suave manta azul claro, su pequeño hijo dormía profundamente tras la dramática lucha de la noche anterior.
El aroma característico y tranquilizador de un bebé parecía ser el mejor analgésico para las heridas de la cirugía y los traumas pasa