El cielo de Bogotá esa noche se veía despejado y luminoso, como si el propio universo estuviera bendiciendo la paz que por fin reinaba en la residencia principal de los Valderrama.
La luz tenue de las velas se reflejaba en una larga mesa hecha de madera de teca antigua, adornada con arreglos de lirios blancos y rosas de tonos suaves.
Esta noche no era solo una cena formal; era el último banquete antes de que todo el mundo fuera testigo de la unión oficial de Valentina y Sebastián ante el alta