La última mañana antes de la gran boda llegó con una bruma ligera que cubría las colinas de Bogotá.
El ambiente en la residencia Valderrama se sentía silencioso, pero lleno de una actividad perfectamente organizada. Valentina estaba de pie frente al espejo; no vestía trajes de seda ni joyas costosas, sino una prenda negra, sencilla y elegante.
Este día no se trataba de la grandeza corporativa ni de la atención de los medios; se trataba de una promesa que debía cumplir antes de dar el paso hac